Identidad digital (III)

¿Cómo entra la moral acá?

Estamos dentro de la cátedra “Ética y profesión”, este trabajo práctico tiene por objetivo aunar conceptos mezclando nuestro quehacer diario con la tematización del ethos. Este es un fenómeno cultural, omnipresente e inherente a la realidad de las cosas.

Son muchos los aspectos que nos hacen humanos. Podemos despegarnos de nuestro instinto básico, ante una disyuntiva, podemos evaluar opciones y en nuestra libertad elegir. Inclinarnos por una opción es inevitable y trae consigo una responsabilidad, porque fuimos nosotros quienes entre múltiples alternativas optamos un camino. Debemos hacernos cargo de nuestras acciones.

El ethos es entonces algo ineludible y por eso también el problema moral. En el fondo, la moral en su propio y espontáneo funcionamientos es un patrimonio común a todos los hombres. Hay un nivel prerreflexivo, un conjunto no tematizado ni cuestionado de creencias morales, actitudes morales, código de normas, costumbres. Si bien los límites que clasifican las palabras que giran en torno al ethos, aquí se busca el tema desde la reflexión moral.  

Con la digitalización de muchas cuestiones, se reconfiguran muchos aspectos de la vida. Se acrecientan las posibilidades y la moral se nutre de nuevas fuentes. Uno de estos nuevos temas es el que trato, la identidad digital. Hay problemas que surgen, o bien que en esta nueva posibilidad de expresión. Algunos comunes son: las excluídos, la falsa identidad, la usurpación de la identidad o las múltiples identidades.

Los nadies

Los excluidos digitales. Creo que el primer problema que se debe tratar cuando hablamos de la transformación de la sociedad con la intrusión de la tecnología es la exclusión digital. La técnica, con sus grandes beneficios también transforma los medios en que una persona se ve apartada. Esto constituye una fuente de variedad de problemas.

Son personas sin rostro ni derecho en el mundo digital. Tal vez hoy no se torna un problema de tal gravedad, por diversos matices, pero estas personas carecen de existencia en este ámbito y cuándo el mundo avanza en los procesos de informatización del mundo comienza a tomar una mayor importancia.

Otra complejidad que surge en todos los ámbitos, es que como marginados estas personas no tienen gran peso en la pelea. Igualmente empresas multinacionales y estados comienzan a reconocer el problema y lanzan distintas alternativas para solventarlo. Proyectos de google (Loon), o el de facebook (Internet.org). También el proyecto OLPC que es la idea fundante de programas en Argentina (Conectar igualdad) y en Uruguay (Ceibal). Que tratan de acortar la brecha.

En un mundo digitalizado, con una penetración de internet alta, la exclusión digital se presenta como un factor discriminante y además establece también una traba a las posibilidades de realización de la persona. Es una parte básica en muchos ámbitos el poder manejar una computador, muchos trámites estatales empiezan a tener su parte digital, consultas, aprendizajes, recursos disponibles en la web que se les ven negados a muchas personas.

Falsa identidad

Bien podría encararse en muchas perspectivas este aspecto. ¿Porque puedo decir ser quién no soy? Más allá de que como personas estamos continuamente transformándonos en nosotros mismos, presentarnos al ‘mundo’ como otro tiene un trasfondo de mentira. ¿Atrás de quién me estoy ocultando? ¿Es lo que quisiera ser? ¿Es un negocio?

La falacia es negarnos a nosotros mismos, allí el problema moral radica en sentirnos disconformes con nosotros mismos. La tristeza es ocultarnos por ser distintos a lo que el mundo dice que debemos ser (Mundo aquí es una mixtura entre grupos de poder, tradiciones irreverentes, miedos, inconsciente colectivo). No todos tienen el coraje y la fuerza para nadar a contracorriente. Esta falsa identidad termina generando una ambivalencia cuando son estos los casos, porque se transforma en un escudo para relacionarnos con el mundo, cuando el mundo no quiere aceptarnos a primera vista. No es moralmente reprochable la falsa identidad, sino las actitudes que son motivos del génesis de esta identidad.

Sin embargo, reconozco otra manera. Cuando la falsa identidad es la fachada para el daño. El atacante que se construye una identidad para poder encontrar a sus víctimas, para la pedofília, el robo de información, la ingeniería social. Creo que no es tan difícil argumentar el porqué de esta práctica dañina. El fin es dañar, sacar beneficio propio, a costa de un otro.

Usurpación de la identidad

Esta es tal vez la forma más clara de perjuicio. Uno se asume otra persona, si lo hiciera en la vida real se constituye como un delito o un delirio.

Hablamos aquí de quién deliberadamente se presenta en medios digitales tomando la identidad de un tercero. Los casos más resonantes de este tipo de actitud es cuando el damnificado un famoso. Sin embargo, todos podemos ser víctimas.

Por un lado son varios los derechos que creo que se ven vulnerados, el derecho a la personalidad, a ser, a explotar sus posibilidad; el damnificado ve impedido de usar su identidad.

Savater en el texto “Ética de la urgencia” hace mención de esto. Él tuvo un percance de este estilo y la red social no había solucionado el problema. En una de sus reflexiones dice, no importa si lo que hace está bien o mal, esa persona no soy yo.

Las múltiples identidades

Podríamos considerar que nuestra identidad es pluriforme. No somos siempre los mismos, tenemos muchos matices, momentos. También nosotros somos en el ojo de quién nos ve. Construimos nuestra percepción del otro a partir de las relaciones que trazamos con él. De alguna forma somos cada una de las imágenes que los demás tienen de nosotros, aún cuando estas parecen incompatibles a primera vista. El hombre es un ser paradójico.

La disociación del físico con la persona que genera el mundo digital, nos permite crear imágenes nuestras. Identidades parciales en donde exacerbamos alguno de nuestros intereses y rasgos. Por ejemplo, contar con un perfil laboral en LinkedIn, una cuenta personal en Facebook y un alias en Twitter donde hable de deportes.

Está la posibilidad de un ejercicio creativo, algo así como personajes de un libro pero de una forma más 2.0. Estas identidades tendrían su propia historia, sus gustos, sus problemas. Cuando uno escribe lo hace para expresar, muchas veces mi historicidad me ata a las circunstancias en las que me envuelvo o a la mirada de los demás. Una nueva identidad con su propia historia me permite expresarme de una manera diferente.

Tal vez el juzgamiento no está en el hecho de las múltiple identidades, sino en lo que hace cada una de ellas.

El cubo mágico

Estaba ahí mirándolo. Estoy de un couchsurfer y me está enseñando a resolverlo. Aprendo rápido y con su ayuda ya conseguí resolverlo. Ahora estaba haciendo solo, inevitablemente en algún movimiento le erro y tengo que empezar de nuevo. Igual está pausa y tal vez también la leve frustración por momento me abrieron una línea de pensamiento jaja

Lo miraba así desordenado,  de repente me vino a la cabeza la escena de mi amigo ordenandolo cada vez que lo veía así. Es un juego, un problema a resolver y que apunta a la lógica matemática. Igualmente cómo estaba aprendiendo y como muchas veces me sugirieron, es un método a conocer básicamente. Son pocas las personas que buscar encontrar el camino para resolverlo independientemente. De esta forma se transforma en una cuestión de memoria solamente. No hay que saber desandar el camino, sino solo conocer el algoritmo. 
Ahí ya tenía una de las cosas que me hacia ruido. Pero había otro hilo del cual tirar. Pensé en el objetivo del cubo. Básicamente es ordenar el caos. La misma ‘logica’ que guía la historia del hombre. Frente a una realidad que supera lo supera, este intenta por múltiple caminos modelar la realidad, simplificarla, hacerla apreensible. Avanzamos mucho en ese camino, tenemos más control, o por lo menos una ilusión más sólida. 

Pero tal vez sean tiempos, después de tanto mecanisismos y de pasar tanto tiempo regidos por las​ lógicas más exactas, hoy es tiempo de amigarnos un poco con el desorden (Un poco de ese camino ya estamos andando). Ver con buenos ojos lo diverso, querer el caos y aceptar un poco la incertidumbre. 

Identidad digital (II)

¿Qué es la identidad?

La pregunta por la identidad es muy antigua. Preguntarnos quienes somos es inherente al hombre. Es la base de una de las grandes paradojas del hombre. Tenemos la capacidad reflexiva, es decir de volver sobre nosotros mismos, cuándo preguntamos preguntamos hacia afuera y también para adentro. Podemos autoconocernos. Así también poseemos libertad y la facultad para elegir entre las distintas opciones que se nos presentan, formando así nuestro proyecto de vida. Se tensa aquí la relación, porque constantemente configurándonos, buscamos conocernos sin nunca poder llegar  a conocernos.

Otra pregunta también tan íntima aparece con el prójimo, ¿Quién es el otro? Él como yo está siempre siendo. Ambas son preguntas sobre seres inacabados y por lo tanto cuya respuesta no cabe. Hay un factor que deberíamos sumar también, el factor social. “Yo soy, porque nosotros somos”, una de las traducciones aproximadas de la palabra Zulú y Xhosa, Ubuntu.

Nuestra existencia se arropa en nuestra identidad, en lo que estamos siendo. Sin embargo también se configura en cada mirada que el otro posa sobre mí. Si pudiéramos graficarlo seríamos un objeto con miles de caras, cada una vínculos con los demás.

¿Qué es la identidad digital?

La falta de territoriedad de internet, desdibuja los límites de espacio y tiempo que rigen las relaciones en el mundo offline. También lo que decimos se relaja de contenido no verbal, nos limitamos a las palabras, los emojis.

Cuando interactuamos cara a cara, él otro es una persona de carne y hueso. Muchos mecanismos inconscientes se activan para reconocerlo, inferimos desde el lenguaje no verbal. Hay una interacción intensa que carga de significancias al otro. Esto no existe cuando nuestras relaciones se trazan en medios digitales. Tenemos mucho más tiempo para medir lo que decimos y mostramos. Podemos no mostrar nuestra cara. A pesar de eso también aparecen otros indicadores, dejamos mucho rastro digital. Nuestros intereses van quedando marcados en las interacciones.

Son dos partes de una misma moneda. Al final somos nosotros los que estamos detrás. El objetivo es expresarnos, usar las opciones para construirnos. Son medios compatibles y utilizables.  

Un clásico problema que se plantea cuando hablamos de nuestra exposición online es: ¿Qué pasa cuándo un posible jefe ve fotos del candidato a empleado en una celebración? Ha habido casos de pérdida de una oportunidad por estos deslices, problema mezcla de límites de la privacidad, de la identidad, de la selectividad, de quién lo hace pero también de quien lo juzga.

Lo cierto es que no nos exponemos a las personas de la misma manera. Cada individuo con el que nos relacionamos, construye una imagen nuestra a partir de las interacciones que tenemos. En internet nos exponemos de una forma sencilla, rápida, leve pero que tiende a ser imperecedera, a muchas personas.

Identidad digital (I)

Se vienen algunos artículos sobre identidad digital, hablando sobre como las nuevas tecnologías vienen a trastocar nuestras formas de relacionarnos. 

Nuestra propia percepción y la que tienen los demás de nosotros también se ve alcanzada por el mundo digital. Internet descentralizado fue creciendo sin una gran planificación, el invento sobrepaso muy ampliamente sus expectativas iniciales. En sus orígenes era una red para conectar recursos, posibilitar el intercambio de información y datos entre universidades. Con la creación de la web, el sistema distribuido de página que se acceden mediante internet, comenzó un crecimiento exponencial de las posibilidades digitales.

Una cuestión que se dejó abierta fue la identidad de quién se conecta. No hay mecanismos de alto nivel que identifiquen a quién se encuentra detrás de la computadora. A diferencia del mundo ‘real’, donde estámos unívocamente identificados por el gobierno mediante nuestro documento de identidad o bien por distintos documentos de carácter gubernamental, en internet uno inicialmente se conecta anónimamente. Si bien, hay detalles y cuestiones técnicas discutibles, pero en general y para el usuario, es transparente la conexión, uno puede disfrutar y navegar la web sin estar identificado, decir quién es explícitamente o bien ‘ser alguien’ distinto para cada página.

Progresivamente esta necesidad fue supliendose por distintas empresas y mecanismos. Para lograr personalización aparecieron las ‘Cookies’, que es una forma que tiene una página de identificar y registrar los comportamientos y decisiones de un usuario que navega. También aparecieron dentro de la web dos grandes posturas:

  • El anonimato. El gran defensor de esto es 4Chan. Justamente una de las ventajas de internet, es su potencial libertad de elección, el anonimato se transforma en una capa de defensa frente a muchos problemas del mundo ‘real’.
  • La identificación de un usuario con una persona. Aquí podemos citar a Facebook, LinkedIn, About.me como algunos de los exponentes de está forma.

Un matiz intermedio sería Twitter por ejemplo, si bien hay perfiles y estos pueden ser verificados, existe la libertad de crear múltiples perfiles, o que estos enmascaren a la persona por detrás.

La reflexión iniciará con la identidad, ¿Qué es lo que nos da identidad? ¿Cómo juega con nuestra autopercepción el otro?

¿Que espero?

Estoy sentado en la calle, vagabundeando por pipa. Se termina mi mes acá y, como casi todo día, muchas cosas giran por mi cabeza. Anduve distraído de las palabras, por lo menos públicas. Este rincón del mundo está bueno para socializar, para encontrar personajes, y en eso anduve. Por la calle y por mis pensamientos. 

Anduve masticando otra de las transiciones. El viaje tuvo muchos clicks, ahora estoy en camino a volverme financieramente más equilibrado. Pensando y avanzando en la transición al mundo freelance. Nada tan fácil, pero creo que es el camino. Vale la pena ese esfuerzo. 

Repensandome. Todos los días van preguntándome un poco. Siempre dando un pasito en mis planes, con lindas sorpresas. Siempre esa gran cuota de suerte, se sorpresa, de inconsciente. Terminando vigilar y castigar de Foucault, libros que te cambian la forma de entender el mundo. Suena demasiado drástico jaja pero trastoca la forma de ver algunas cosas, por ejemplo ando pensando mucho en las sujeciones que se van trazando alrededor nuestro. Ando preguntándome por las palabras también, viéndome un poco entre relativismos. No encuentro las definiciones, las cosas cerradas, los ladrillitos para construir. Mis pensamientos andan abiertos, generales, abstractos. 

El camino irá apareciendo.